Lo que Elvis me recordó sobre la presencia

¿Sientes que tu cuerpo se «cae» antes de hablar? Aprende cómo la presencia física y el yoga dinámico te ayudan a recuperar tu sitio.

Este proyecto se llama Let’s Rock Yoga. Tarde o temprano me tocaba juntar el rock’n’roll con lo que hacemos aquí arriba de la esterilla, y sinceramente, no hay mejor forma de empezar que con el Rey.

No sé si habéis visto la película de Elvis, pero ahí se nota algo que va más allá de la música: su magnetismo no era solo voz o suerte; era una cuestión puramente física. Elvis ocupaba espacio. Estaba plantado. Tenía lo que aquí llamamos «sitio» dentro de su propio cuerpo.

Y eso, para los que pasamos media vida encogidos frente a una pantalla, es el verdadero «oro de Memphis».

No hablo de copiar a Elvis ni de dar un show. Hablo de esa sensación de entrar en una sala y notar, sin que nadie diga nada, que una persona está realmente ahí. Eso a mí me interesa mucho más que el carisma o la fama, porque con los años me he dado cuenta de algo simple: muchas veces no parecemos inseguros porque no tengamos nada que decir, sino porque el cuerpo se nos cae antes de abrir la boca.

Cuando el cuerpo se encoge (y no te das cuenta)

A mí esto me pasa más de lo que me gustaría admitir. Si voy acelerado, si llevo muchas horas sentado frente a la pantalla o si noto tensión, mi cuerpo tiende a cerrarse: los hombros se van hacia delante, la respiración se acorta y la mandíbula se aprieta.

Desde fuera igual no parece un drama, pero se nota. Cuando eso pasa, no solo me muevo peor; también hablo peor, respiro peor y, sobre todo, estoy menos presente. La presencia no empieza en la cabeza; empieza bastante más abajo.

Cómo dejar de ser un «hombre-acordeón» (Sin parecer un flipado)

A ver, bajemos esto a la tierra. No vas a entrar en una reunión haciendo el paso de baile de Elvis, pero sí puedes dejar de entrar como si pidieras perdón por existir. El problema de estar ocho horas frente al monitor es que el cuerpo «se aprende» la forma de la silla. Los flexores de la cadera se acortan, el pecho se hunde y terminas con la presencia de un clip doblado.

Si quieres recuperar tu sitio, aquí tienes tres ajustes que yo uso cuando noto que me estoy «haciendo pequeño»:

La mayoría de nosotros «flotamos» sobre los zapatos. Tenemos los pies ahí, pero no los usamos. La presencia de Elvis empezaba en las botas.

Si estás de pie, nota si el peso está en los talones o en los dedos.

  • El ajuste: Empuja el suelo con toda la planta. Imagina que quieres hundir la esterilla de yoga (o el parqué de tu oficina). En cuanto tus pies «conectan» de verdad, tus piernas se activan y tu espalda se yergue sola.

Pasar el día sentado deja la pelvis como una bisagra oxidada. Si tu cadera está bloqueada, tu respiración se queda arriba, en el cuello, y eso proyecta nerviosismo.

  • El ajuste: Cuando te levantes de la silla, no eches a andar directamente. Quédate un segundo quieto y busca que tu pelvis esté neutra, ni muy hacia fuera (culo de pato) ni muy hacia dentro. Si desbloqueas la cadera, el aire llega más abajo. Y un hombre que respira con la tripa y no con los hombros, proyecta una calma que se nota a kilómetros.

Esto no va de sacar pecho en plan gimnasio de los 90. Eso es postureo y se nota a la legua. La presencia real es «ancho de hombros».

  • El ajuste: En lugar de proyectar el pecho hacia delante, intenta separar los hombros entre sí. Imagina que quieres que tus clavículas sean un par de centímetros más largas. Esto abre espacio para tus pulmones y te quita esa postura de «defensa» que adoptamos sin querer cuando estamos estresados.

Tu primer paso hoy: El «chequeo de los 10 segundos»

No hace falta que cambies tu vida de golpe. Haz esto: la próxima vez que te sientas estresado o encogido, para 10 segundos.

  1. Siente el peso en los pies.
  2. Suelta la mandíbula (que seguro que la tienes apretada).
  3. Deja que los hombros recuperen su ancho natural.

La presencia es, literalmente, ocupar el sitio que te corresponde.

Ocupar tu sitio es dejar de vivir de prestado en tu propio cuerpo. Es volver a habitarlo con la misma naturalidad con la que Elvis se plantaba en un escenario: sin esfuerzo, simplemente estando ahí al 100%.

Prueba a hacerlo ahora mismo mientras lees esto. Si notas que tu cuerpo está tan rígido que estos ajustes te cuestan la vida, es que te hace falta soltar lastre. Échale un ojo a lo siguiente.

EL RETO DE 7 días para moverte mejor

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